CORTIJEROS

En anteriores entradas ya hablamos sobre las peculiaridades y aspectos negativos del sistema educativo público en comunidades autónomas como Madrid. En este artículo vamos a centrarnos en estos mismos asuntos pero localizándolos en Andalucía. Para ello vamos a tener en cuenta la información que hemos podido obtener a través de diversas fuentes (directas e indirectas), así como también de los testimonios de las experiencias que algunos docentes han sufrido en primera persona de los que nos hemos hecho eco.

Hace tiempo que entre el colectivo de docentes en tierras andaluzas se utiliza el término “cortijero” para designar la manera en que algunos equipos directivos o de inspección desempeñan su función, en clara alusión a aquella forma de proceder que antaño ejercían los capataces en los cortijos que administraban o regentaban. Poco queda de aquellos tiempos en los que la profesionalidad, el respeto y las formas primaban por encima de todo.

Vamos a empezar por los equipos directivos. De acuerdo con nuestra información cada vez está más extendido el ordeno y mando entre ciertos equipos directivos que creen, cual déspota ilustrado, que saben lo que es mejor para su centro pero sin contar con las opiniones, consejos o necesidades que les llegan a través de los docentes que trabajan en los mismos. Directivas que desde la seguridad que sus despachos les confieren, en los que se encierran como si fueran sus particulares torres de marfil, toman decisiones a espaldas de los claustros, conceden prebendas a los sectores que les son afines, obvian las demandas, peticiones o consejos formulados por una parte importante de la plantilla docente, optan por la táctica de dejar pasar, minimizar y ocultar ciertos hechos graves acaecidos en los centros que regentan, no actúan con la profesionalidad ni asumen la responsabilidad que se les presupone y para remate suelen jactarse de “tener un buen contacto” con la Administración. Llamativo resulta el hecho de que más de un miembro de esos equipos directivos en Andalucía, especialmente los que ocupan el cargo de director\a, o no tengan ningún tipo de dedicación docente en su horario o solo la ejerzan de forma directa con un grupo de alumnos, que normalmente suele ser de lo mejorcito dentro del centro educativo, disfrutando de un horario lectivo privilegiado que sorprende por sus franjas horarias de entrada y salida del centro. Resulta aún más alarmante que, durante algunos periodos en los que deberían estar dando clase, ciertos directores/as convoquen con naturalidad reuniones con otros miembros de su equipo directivo, decidan acudir a no se sabe bien reuniones de qué con la Administración, asistan a congresos para tratar asuntos como el pseudo bilingüismo que aplican en sus feudos o se apunten a cualquier tipo de excursión que les interese (normalmente las que tienen que ver con visitas al extranjero), a las que acuden más como turistas que como responsables del alumnado que está bajo su tutela, con la consiguiente carga de responsabilidad y trabajo que ello conlleva para el resto del profesorado que participa en las mismas o para el profesorado de guardia que debe suplirles. En otros casos hay directivas que parecen haber sido abducidas por una fuerza externa, pues se les ve menos el pelo por sus centros que a Urdangarín por Zarzuela, por lo que cuando sus servicios son requeridos para tratar asuntos de diversa índole, a veces urgentes o graves, sus despachos aparecen cerrados a cal y canto, con menos indicios de vida humana que en el planeta Marte, resultando ser desconocido su paradero. También se da el caso de aquellos que con las más variopintas excusas se ausentan o no asisten a claustros (extraordinarios o no) en los que se van a tratar asuntos que no son de su agrado o que les pueden enfrentar a situaciones complicadas.

Después está el tema de los grupos afines que esas directivas van construyendo, designando a dedo a sus elegidos para desempeñar ciertos puestos en sus equipos directivos o situándoles al frente de las jefaturas de departamento, así como también a base de configurar buenos horarios para su séquito, de mirar hacia otro lado ante determinadas ausencias de sus protegidos o al permitirles reducciones horarias por unas actividades que deberían desempeñar pero que en múltiples ocasiones brillan por su ausencia, actividades por las que estos últimos pueden llegar a percibir un plus económico en sus nóminas.

Y ahora continuamos con la forma de actuar de ciertos miembros del servicio de inspección. ¿Recuerdan esas películas del Oeste en las que aparecen unos rudos sheriffs cuya autoridad acaba siendo aceptada por los habitantes de un pequeño y desvalido pueblecito? Pues poco más o menos.

Hay localidades próximas a importantes urbes andaluzas en las que estos “agentes de la ley” campan a sus anchas sin que nadie ose a toserles o a cuestionar su proceder. Se presentan en los centros educativos sin avisar, debiendo ser recibidos cuando les apetece, al margen de la repercusión que ello pueda tener en el funcionamiento normal de aquellos centros o de las clases que deban dejar de impartir los docentes de la plantilla o los miembros de esos equipos directivos con los que deseen reunirse. Entran y salen de los mismos cual “Saloon” del lejano Oeste. Por supuesto, como cabe esperar de quienes muestran este tipo de actitudes, las técnicas que usan en el desempeño de su labor, entre lo caricaturesco y la mala educación, llegan a rayar en lo mafioso, irreverente, soez y chulesco.

Normalmente suelen aparecer por los centros educativos para “analizar” a su manera los malos resultados académicos cosechados por el alumnado en determinadas asignaturas. Una vez en el centro, sin previo aviso, tienen la costumbre de entrar en las clases que están impartiendo aquellos docentes que van a ser objeto de su “investigación”. Allí, se dedican a tomar breves anotaciones sobre cómo se desarrollan esas clases y, demostrando un claro ninguneo hacia la figura del el/la docente, reclaman la atención particular de ciertos alumnos, les hacen preguntas en un bajo tono de voz sobre la forma de dar clase de esos docentes mientras estos o estas intentan continuar su labor educativa y, cuando lo consideran oportuno, paran la clase preguntando en voz alta al alumnado el por qué creen que han obtenido unas bajas calificaciones o suspensos en esa asignatura en concreto. Como por todos es conocido en el alumnado, sobre todo de la ESO (que es donde peores resultados se cosechan), el sentido de la autocrítica e introspección están profundamente desarrollados, por lo que ya pueden imaginarse las respuestas más comunes que se pueden escuchar: que si las preguntas que nos pone son muy complicadas, que si hay que estudiar mucho, que si nos resta puntos por faltas ortográficas y en expresión, que si yo estudio pero el examen es muy difícil, que si la asignatura es muy aburrida, que si no me motiva… Si el o la docente intenta llamar la atención sobre las cosas que no hace bien su alumnado, como que no trabajan a diario a pesar de lo que en esos momentos afirman, que no entregan todos los trabajos o el cuaderno o que los hacen mal o que no llevan los estudios al día y que intentan pegarse el atracón la última tarde, inmediatamente el servicio de inspección les desautoriza y manda guardar silencio al profesor/a en cuestión. Tras este teatrillo estos sheriffs, más crecidos que nunca, ponen en evidencia a los docentes delante de su alumnado, exponiendo en tono de reproche que “en la ESO, al alumnado que trabaje se le debe aprobar“. Imagínense cómo se le ponen los ojos en esos instantes a los alumnos… Ya no hay que estudiar ni aprobar los exámenes, solo hay que trabajar y en ningún momento estos inspectores tan majetes han dicho que el trabajo deba estar bien… ¡Bravo!

La cosa no queda ahí, pues hay que sacarle los colores a los docentes. Delante de su alumnado se les regaña e incluso se pone en cuestión su labor. Sentencias como que “al alumnado hay que prepararlo para que apruebe los exámenes” o que “en los exámenes deben caer exactamente las mismas preguntas o ejercicios realizados en clase sin variaciones“, son proferidas en voz alta por esos miembros del servicio de inspección al tiempo que se mantiene el tono de reproche hacia el/la docente. También se han dado casos en los que esos inspectores han llegado a decir al alumnado que “si la culpa de los malos resultados es del profesor/a, se le cambia de centro y punto” o que “en el siguiente trimestre volverán a realizar una visita al instituto y que esperan, por el bien de todos (mientras clavan su mirada en el/la docente), que esos resultados hayan cambiado“. Como ven todo muy pedagógico y siempre apostando por una educación de calidad.

Pero aún hay más. También suelen proceder a mantener una “reunión” a puerta cerrada con el/la docente objeto de investigación. En la misma, dichos inspectores imponen que no debe asistir nadie más, conculcando el derecho básico de los docentes a solicitar la presencia en esa reunión de un miembro del equipo educativo, de su departamento o enlace sindical. El objetivo, que no haya testigos para que así sea su palabra contra la de el/la docente en cuestión. Metidos en faena, solicitan a el/la docente los exámenes que ha puesto para “comprobar si se ajustan a los criterios de la programación de su departamento“, (programación que es enviada todos los años a principio de curso al servicio de inspección y que debe pasar su control, pero cuyo contenido parece no ser conocido en más de una ocasión por estos/as inspectores, como queda patente cuando el/la docente se remite a lo que en ella pone para justificar su proceder y constata que inspección no tiene ni idea sobre la misma). Ahí queda la petición de documentación. Nada sobre cómo prepara usted las clases, qué materiales usa, qué tipo de actividades desarrolla en el aula, cómo atiende a la diversidad, cómo amplía conocimientos, qué hay sobre el plan de recuperación, con qué problemas se encuentra usted en el aula, qué tal la comunicación con las familias, ¿dispone de los recursos necesarios?, ¿el equipo directivo facilita su labor docente?… Tampoco ningún atisbo por su parte de preocupación por el tipo de alumnado que se ha metido en aquellas clases en las que peores resultados se han cosechado.

Por otro lado durante estas reuniones estos sheriffs de la inspección llegan a proferir comentarios que atentan directamente contra la integridad y profesionalidad de el/la docente, tales como “¿usted ha dado alguna vez clase antes?“, “¿cuántos años lleva dando clase?“, “…en una empresa privada ya le hubieran despedido por malos resultados“, “…qué se ha creído usted aprobando solo a este número tan bajo de alumnos“, “…si le doy a una tecla obtengo el porcentaje de aprobados y suspensos que en los últimos años ha cosechado la asignatura que usted imparte en este centro“. Incluso se han llegado a registrar juicios de valor por parte de estos integrantes del servicio de inspección sobre las asignaturas que analizan y de las que no tienen ni la más remota idea. Por ejemplo a ciertos docentes que imparten materias relacionadas con una lengua les han llegado a decir que “…las únicas pruebas objetivas son las de tipo test por lo que sus exámenes son tremendamente subjetivos“, o que “…la sintáxis está sobrevalorada y no es tan importante, por lo que no debe tener tanto valor en la calificación del alumnado“.

Recordemos que el detonante para que se produzcan este tipo de visitas son esos resultados académicos alcanzados por el alumnado y considerados como inaceptables por el servicio de inspección. De hecho, ya desde principio del curso esos sheriffs presionan a los equipos directivos y jefes de departamento de los centros educativos públicos que quedan bajo su supervisión para que cambien los porcentajes que aplican al evaluar. Así departamentos que hasta el momento establecían que durante cada trimestre el 70% de la calificación del alumnado en su asignatura se calcularía sobre la nota media de las calificaciones obtenidas por aquellos en los exámenes y el 30% restante sobre el trabajo que hubieran desarrollado en ese mismo periodo, deben cambiar al 50%-50% por imposición de inspección, lo que puede llegar a suponer que un alumno que trabaje medianamente, vaya cumpliendo y tenga una calificación aceptable en el trabajo diario apruebe sin haber superado ni un solo examen. Estas “recomendaciones” ya se cuida el servicio de inspección de no darlas por escrito. Su presión llega a ser tal que para que sean aceptadas amenazan a esos centros educativos y departamentos entre otras cuestiones con no aprobar ni una sola programación didáctica si no incluyen esos cambios en ellas, lo que sin duda provocaría un serio problema de funcionamiento académico en esos centros.

El colmo de los colmos se materializa en épocas de evaluación cuando nuevamente se produce otra intervención de estos/as agentes de vigilancia. De viva voz imponen a los centros educativos que en los informes que elabora el ETCP (Equipo Técnico de Coordinación Pedagógica) sobre los resultados académicos de los alumnos, no se haga referencia a que los malos resultados tienen que ver con el alumnado, con los recursos de los que se dispone o con la ratio. Expresamente se ordena que “en ellos se recojan las causas centradas en las variables internas, que expliquen los resultados obtenidos“. Dicho de otra manera, que los/as profesores/as en esos informes se autoinculpen por los suspensos que haya cosechado su alumnado. Una vez más estas directrices no se dan por escrito.

Otra forma de presión de la que hacen gala es la de imponer que todos los exámenes realizados por los/as docentes del centro sean enviados en soporte informático al servicio de inspección, independientemente de si existe o no la obligación legal y expresa en este sentido y pasando por alto la tradicional normativa que impone que deben existir copias de esas pruebas en cada departamento y estar localizables para que cuando el servicio de inspección las solicite o realice una visita las pueda consultar. Dicha manera de actuar persigue más coaccionar la forma de evaluar de los docentes que un verdadero interés por corroborar que esas pruebas se adecuan a lo recogido en la programación de cada departamento.

Aunque resulta descorazonador, de esta actitud, comportamiento y forma de proceder podemos colegir que lo que se pretende es presionar a los/las docentes para que incrementen el número de alumnos/as aprobados con el fin de reducir o maquillar esas nefastas cifras de fracaso escolar y malos resultados que normalmente se obtienen en los informes sobre educación en Andalucía. Es por ello que se estaría presuntamente induciendo a la comisión de un delito de prevaricación a los funcionarios públicos de esos centros educativos que, ante tanta presión, persecución o por el simple hecho de evitarlas posiblemente acabasen calificando a su alumnado de manera inapropiada, al margen de lo que estipula su programación e incumpliendo la ley.

Por otro lado, en ningún caso durante dichas “visitas” esos miembros del servicio de inspección han siquiera preguntado por la atención, necesidades y medios que requieren alumnos/as con deficiencias visuales, motoras o cognitivas que pueda haber en esos centros o sobre cómo se está actuando ante esas necesidades o si el centro o los docentes cuentan con los recursos para poder atenderlas. Tampoco han mostrado interés alguno sobre si los centros disponen del personal administrativo necesario para gestionar las labores de secretaría, ni sobre por qué personal de la propia conserjería del centro educativo ha sido quien ha tenido que realizar esas labores en algunos centros porque la Administración no enviaba a ningún profesional para desempeñarlas. Ni la más mínima preocupación por si las instalaciones del centro educativo están en condiciones o no. Ningún tipo de curiosidad por los asuntos que hayan suscitado debates, discusiones o quejas en los claustros por el funcionamiento del centro o por las decisiones unilaterales que haya tomado el equipo directivo sin prestar atención a las demandas del profesorado, alumnado o a las de sus padres y madres en relación con esas cuestiones y menos por si algún miembro de la comunidad educativa del centro ha sufrido algún tipo de maltrato, agresión o persecución por otro miembro de la misma, aplicando el mismo erróneo proceder del no veo, no hablo, no escucho que tan malas consecuencias ha tenido en institutos de enseñanza secundaria como el Joan Fuster en Barcelona, el Ciudad de Jaén en Madrid o más recientemente el Baelo Claudia en Cádiz.

No podemos concluir este artículo sin hacer referencia también a la lamentable actuación de algunos equipos de inspección médica que han llegado a acusar de estar fingiendo una enfermedad o dolencia severa a docentes que, aún habiendo recibido la baja médica que así lo estipulaba, han sufrido un verdadero calvario inquisitorial por parte de estos inspectores así como un trato vejatorio, tras el que se les ha denegado la baja, se les ha amenazado con incoarles expedientes disciplinarios, o se les ha emplazado para que hagan uso anticipado de unas bajas que les corresponden, por ejemplo por maternidad, para que no acumulen la baja por la enfermedad o dolencia grave con otra baja posterior a la que también tendrían derecho, con lo que se consigue un doble objetivo, por un lado evitar tener que contratar a un sustituto y pagar al docente de baja y por otro sentar precedentes que lleven a otros docentes a pensárselo dos veces antes de presentar una baja médica. Casi siempre con los que más suelen cebarse en estos casos es con los eslabones más débiles de la cadena, los docentes interinos, pues este grupo es el que suele estar más vendido a todos los efectos.

Quizás todo este desaguisado no tendría lugar si la Administración se comportase como se le presupone, si los claustros fueran coherentes apoyando al 100% a los que sufren estas tropelías plantándose y denunciando estas cuestiones en vez de disgregarse y optar por el “virgencita que me quede como estoy” y por el “si no va conmigo no es mi problema”, si los equipos directivos asumieran su responsabilidad y actuaran como los espigones o rompeolas que deberían ser frenando el inadecuado proceder de ciertos equipos de inspección, exigiendo el cumplimiento de las leyes así como el respeto que el profesorado que ejerce en sus centros se merece en vez de mirar hacia otro lado y de facilitar este tipo de tropelías y, por supuesto, si se exigiera que equipos directivos y de inspección como los descritos en este artículo fuesen destituidos de inmediato, independientemente de si actúan de la manera que hemos relatado presionados o no desde arriba, con el fin de evitar unos atropellos altamente atribuibles a la falta de profesionalidad, de escrúpulos, de vergüenza y decencia de quienes creen tener un poder al margen de la ley para hacer y deshacer a su antojo.

Anuncios

Acerca de apedreandocristales

Colectivo de profesionales relacionados con la cultura que pretende aportar una visión alternativa al discurso oficial, edulcorado y limitado comúnmente difundido desde los grupos políticos, sindicales o medios de comunicación.
Galería | Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s